Tema: “Una Iglesia en salida, a través de la revolución de la ternura, de la cercanía y de la misericordia” 

Lugar: Seminario Mayor “Reina de El Cisne” 

Director: P. Manuel Cabrera 

Fecha: 09-11 de junio del 2014 

 

Ponentes: 

  1. Mons. Walter Eras (Obispo Vicario Apóstolico de Zamora Chinchipe – Zamora Chinchipe)
  2. P. Luis Marcelo Enriquez (Director de Liturgia – Loja)
  3. P. Manuel Cabrera (Director de la Escuela Diocesana de Teología y de Biblia)

 

La Misericordia Según la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” del Papa Francisco”. 

Ponente: Mons. Walter Heras O.F.M. 

 

¿Qué es la misericordia? 

Podríamos definirla como un sentimiento interior de compasión y piedad ante las desgracias ajenas que impulsa a socorrer a quienes las padecen. Tiene un sentido y campo de acción muy amplio y la denominamos también: compasión, piedad, perdón, gracia, favor, benevolencia, con sus diversos matices y que tienen su origen y fundamento último en el amor a Dios y al prójimo. 

Es el amor de Dios al hombre, en el hombre siempre es limitado, por ello, en las obras de misericordia, se nos invita a una acción concreta, ya que es amplio la misericordia. En Jesús se nos muestra la misericordia, y su misericordia se extiende a todos. 

La imagen de misericordia es siempre Jesús. Siendo Dios no compartió el pecado, pero sí la misericordia. 

En Jesús la misericordia tuvo la expresión máxima, en nosotros es limitada, sin embargo, en la relación íntima con Jesús aprenderemos de Él y sólo el deseo de poseer a Dios nos da la valentía de salir de nosotros mismos. 

Es bueno preguntarse ¿dónde hay que salir?, ¿a quienes debemos llegar?. 

La misericordia de Jesús se manifestó con todos, nadie queda excluido del mensaje de Jesús. 

La misericordia se da en el “perdón”, perdonar setenta veces siete Mt 18,22. 

En el pasaje de la mujer adúltera, es Jesús quien perdona, aunque no haya pedido perdón. Perdona a sus verdugos (Lc 23, 24). 2Cor 5,21. 

 

Mt 5,7: Las bienaventuranzas 

“Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzaran misericordia”. 

En la figura del samaritano encontramos al hombre que necesita de la acción compasiva de los demás, es a él a quien llega la misericordia de parte del buen samaritano (Lc 10), he ahí la gran invitación de curar, cuidar y estar con el necesitado. 

El apóstol de la misericordia: Santiago, su carta se debe entender desde esta clave: ustedes deben amar y actuar como aquellos que serán juzgados de Quien “prima la misericordia a la justicia”. 

La misericordia ayuda a devolver el equilibrio a esta sociedad. 

 

La misericordia en el magisterio del Papa Francisco: 

Jesús ilumina nuestra vida como un fuego que nunca se agota y nos da la paz. El Papa recuerda que Jesús en el evangelio nos dice que ser cristiano no es tener una etiqueta, sino cristianos de verdad y de corazón, ser cristiano es vivir en la verdad, cumpliendo la justicia. 

No hay una sistematización sobre la misericordia en el magisterio del Papa Francisco, pero la constatamos en sus homilías, discursos y más intervenciones como Vicario de Cristo.

 “La misericordia de Dios es una gran luz: de amor y de ternura”. La misericordia de Dios, es la caricia de Dios sobre las heridas de nuestros pecados. 

Así es la misericordia de Dios: un amor tan grande, profundo el que Dios nos tiene, que no decae, nos sostiene, nos levanta y nos guía. Este amor, siempre aferra nuestra mano, como la de un padre a su hijo. La misericordia es siempre ayudar a levantar al que ha caído. 

La misericordia de Jesús no es sólo un sentimiento, porque estos pueden cambiar, la misericordia es una fuerza que da vida, que resucita al hombre. Jesús cuando mira los ojos de la viuda de Naín que llora la muerte de su hijo, nos enseña que nuestra mirada debe ir, a aquel que sufre y padece. Esta es compasión, un sentimiento pero que mueve a actuar frente a la miseria humana. 

El termino compasión, remite a las entrañas maternas, la madre experimenta un dolor propio por sus hijos. La misericordia de Dios da vida al hombre, si vamos a Jesús encontramos el perdón y encontramos la vida. 

La misericordia se traduce en las actitudes, una de ellas es el “perdón”. Cuando la actitud de la misericordia, no resulta fácil, es porque primero se ha puesto el juicio antes que la misericordia, y así no resulta espontáneo. 

Dos actitudes que señala el Papa para la misericordia: 

A conciencia de nosotros mismos: frente al arrepentimiento, la justicia de Dios se trasforma en misericordia. Dios no se cansa de perdonar, pero es necesario avergonzarse de los pecados. Sentir el dolor de corazón y avergonzarse. No es fácil decir: “he pecado”, menos cuando no hay dolor de corazón y puede endurecerse y tener juicios duros de los demás. A menudo, se tiende a justificar, y a descargar los propios pecados sobre los demás, como el ejemplo de Adán. Con una actitud de arrepentimiento se puede experimentar la misericordia de Dios y se podrá tener misericordia de los demás. Si no perdono estoy fuera de la lógica de la misericordia: que es, ser perdonados y perdonar. 

Agrandar el corazón: un corazón que no se abre a los demás, no es capaz de dar misericordia. “Quien soy yo para juzgar”, esta actitud agranda el corazón. “No condenéis y no seréis condenaos”; “dad y se os dará” nos dice el Evangelio, esto es generosidad del corazón. Si tienes corazón grande puedes recibir más. Este corazón es capaz de perdonar y olvidar, el hombre y la mujer de corazón grande jamás juzga ni condena, porque antes de ello reconoce su propio pecado. Si todos tuviésemos esta actitud, cuanta paz habría en, nuestras vidas, en la familia, en la sociedad y en el mundo entero. 

La Iglesia necesita con gran urgencia estas dos actitudes de la misericordia. ¿Cómo la debe dar? A través de la proximidad de la cercanía, de la ternura, de curar las heridas familiares y personales. Hacer un verdadero acompañamiento espiritual a las personas. 

En el Evangelio de Lucas encontramos las parábolas de la misericordia, en ellas caracteriza la “alegría de Dios”, alegría de encontrar a la moneda perdida, alegría de encontrar la oveja perdida, alegría por el regreso del hijo que se marchó de la casa paterna. 

El mal moral, el mal espiritual: solo el amor lo puede cubrir. Jesús es todo misericordia, es Dios hecho hombre. El peligro es sentirnos justos, como el hermano mayor de la parábola del hijo prodigo; así aparece otra actitud que aleja la misericordia: la envidia. 

Para estar en comunión con Dios debemos tener misericordia. El amor de Dios está en la alegría de perdonar, de esperar siempre, una espera que no es pasiva sino activa. 

El juicio de Dios es dar la vida por nosotros, este acto supremo de justicia es también el acto supremo de misericordia. “Sean misericordiosos como mi Padre es misericordioso” es la invitación de Jesús. La misericordia de Dios no quiere que ninguno se condene, es grande la misericordia de Dios. 

En el rostro de Jesús esta la misericordia de Dios, en una escena de las apariciones de Jesús Resucitado vemos la actitud de Tomás, quien se mostró incrédulo de este acontecimiento, él quiere ver, tocar, palpar para creer, así debemos acudir a la misericordia de Dios. La misericordia se la siente no desde la lejanía, sino desde la cercanía. Jesús le da tiempo a Tomás, no le cierra la puerta. Tomás por su parte, reconoce su poca fe, “Señor mío y Dios mío”, con esta simple expresión responde a la paciencia de Jesús. 

No perdamos nunca la confianza en la paciente misericordia de Dios. Él nos espera siempre con los brazos abiertos. 

 

“Evangelii Gaudium” desde la perspectiva de la misericordia. 

El tema de la misericordia es el eje trasversal de esta exhortación. Muchos textos guían el contenido de la exhortación así como actitudes concretas del Papa. 

Esta exhortación se la entiende desde la clave de la misericordia, asoma a menudo en sus citaciones el Documento de Aparecida, aprenderemos a ser misericordiosos cuando nos encontremos con él, no con una teoría, una doctrina, el encuentro con Jesús debe marcar mi vida, quienes se dejan salvar: “los liberados de la tristeza”. La mayor alegría es ser salvados.

 

Cinco partes de la EG 

Evangelizar es llenar de alegría este mundo, la misericordia: la realidad del mundo, que necesita. La misericordia se da a partir de la Encarnación: en este misterio se da un conocer desde dentro, un  partir de la realidad. Este mundo es un mundo triste, el consumismo ha llevado a confundir al hombre la felicidad y se reduce en el consumir, y cuando no puede lograrlo, se siente triste. La tecnología crea ansia de consumir, vuelve al ser humano individualista. 

Crea un corazón cómodo y avaro, piensa sólo en sí mismo, no hay espacio para los demás. Ya no se escucha la voz de Dios, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. La misericordia, debe crear alegría, y eso sucede cuando se ensancha el corazón. El encuentro con Jesús es siempre confortante, espera con los brazos abiertos, tiene el corazón ancho, nos hace tan bien volver a él, cuando nos hemos perdido. 

Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia. Nadie debe quitarnos la dignidad que nos da este amor infinito de Dios. 

Mucho se habla del cambio de estructuras y de romper paradigmas, pero lo más difícil es que se dé una conversión personal, es la persona en concreto que debe tener el encuentro con Jesús. 

Jesucristo nos da ejemplo y me debe portar a tener los mismos sentimientos de Él, como lo recuerda el Apóstol. La misericordia participa en toda la creación. En Isaías se lee: “aclamad al Señor con alegría toda la tierra”, ver a Dios en lo cotidiano de la vida, los acontecimientos diarios, en todo mi quehacer. Necesitamos comunicar la alegría del encuentro con Jesús (Cf. Sr 14,11). 

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